Es difícil encontrar buena literatura sexual

¿Por qué es el sexo de culonas tan difícil de escribir bien? Tal vez, los más preciosos pasajes de sexo en la ficción son las que se refieren a los momentos de antes o inmediatamente después y no en lo que los críticos llaman “intelectuales mediados”. Consideremos, por ejemplo, esta escena dulce que ofrece una pareja de ancianos de la novela de Mohsin Hamid “Cómo conseguir a Filthy Rich en el surgimiento de Asia”: “Ninguno de los dos llega a su final, tu comienzas a desinflarse antes de que llegue ese momento, pero, debo añadir, que no llega el placer, y una medida de comodidad, y acostado allí con posterioridad, de manera temporal frustrado y con un poco de vergüenza, que inesperadamente comienza a reír, y ella se une a ustedes, y es la mejor y más cálida risa que ninguno de los dos ha tenido en mucho tiempo”.

No hay duda de Barnes tiene un punto sobre la obligación comercial. Por lo tanto, tal vez, Cincuenta Sombras de Grey se queda muy atrás. Los escritores literarios apropiados, como los tímidos en alguna orgía, tienen miedo de tales enredos, o tal vez de terminar en el mal sexo de culonas en los premios de ficción – como Alan Titchmarsh con “El señor MacGregor”, en el que un hombre que tiene relaciones sexuales con una mujer culona se “enreda en las extremidades esta boa constrictor humana”. Hay un miedo, argumentado por Barnes: “que los lectores pueden concluir, al describir un acto sexual, que ya debe haber sucedido en más o menos la forma descrita”. Barnes da el ejemplo de Kingsley Amis, quien dice que abandonó una novela en la década de 1980 debido a que contenía un personaje homosexual y que temía que “las personas en el club podría pensar que era raro”.

“Esto parecía, incluso el momento perfecto, una excusa lamentable, y parece la más penosa en retrospectiva”, escribe Barnes. ¿Pensamos que Winterson tuvo un encuentro sexual como el citado? Tal vez – pero realmente ¿a quién le importa? Del mismo modo, E.L. James niega los pasajes sadomasoquistas en sus novelas que están basadas en sus propias experiencias, pero incluso si se tratara de un informe fiel de su vida sexual, podría hacer sus libros mejor. La lectura biográfica reductiva de la ficción es el menos interesante. Es difícil imaginar que John Updike o Philip Roth, y menos aún Marilyn o Rita Mae Brown le habría importado.

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