La literatura en la era digital

Hablar de literatura es hacer referencia a una forma de expresión artística que manifiesta aquellos cambios que han sido experimentados por la cultura durante una larga tradición de siglos. Y es que en sus tiempos Aristóteles le dio significado a esa particular capacidad que tiene la poesía para “modificar” el ánimo, pero además, esa especial versatilidad con la que cuenta para renovar el lenguaje.

En el transcurso de los siglos, la literatura ha sido una certera fuente, no sólo para la comprensión de la manera en cómo se han forjado los diversos escenarios culturales, sino también, para alcanzar el conocimiento de cómo se han leído e interpretado estos estéticamente.

Dicha interpretación de la literatura como un discurso intencionado, persuasivo y estético, proporciona un soporte transversal de gran valor cuando se busca estudiar la cultura, ya que nos lleva a plantearnos cuáles han sido los resortes que la mueven sobre todo ahora que nos encontramos transitando la era digital.

Debido a los cambios que se han experimentado por la misma, es posible reflexionar sobre la lectura literaria y el lector, pero además, sobre la creatividad como esa base de la lectura, y también sobre los cambios que la simbiosis artística ha ido experimentando por las nuevas formas de literatura digital impresas en los hábitos de los lectores.

El hombre cuenta con la capacidad de adquirir conocimiento sobre sí mismo ya que puede aprender de la literatura las diversas formas del comportamiento humano, incluso, puede imaginar de un modo verosímil su reacción emocional ante aquellas situaciones que son críticas.

Con respecto a la literatura, el efecto catártico que surge de la contemplación y de la consecuente liberación, vienen a formar parte del deleite y del goce estético. De este modo, uno de los aspectos que es inherente al hecho literario ha sido constituir una certera fuente que funcione para la comprensión del individuo, para su incardinación social y también para su participación en todo lo que ha forjado los escenarios culturales distintos, y también funciona para conocer la manera en cómo han sido leídas e interpretadas estéticamente.

Por lógica extensión, la literatura ha funcionado para “medir” los distintos espacios sociales y políticamente conflictivos o marginales, pero además funciona para establecer nuevos espacios de sociabilidad (por ejemplo, aquella función esencial que se ejerce en las tertulias, los teatros o los cafés, incluso puede ser usada como una tribuna política en ciertas etapas).

Esa interpretación retórica de la literatura como discurso intencionado, persuasivo y estético también implica el análisis de los mecanismos de persuasión, y en consecuencia, el juego que plantea al lector. Por otro lado, también hay que mantener presente lo que espera el autor de quien lo lee, pues eso ha sido una inquietud crucial para el transcurso de la crítica literaria, y no ha sido distinto en el transcurso del último siglo, donde también se debe considerar lo que espera el lector del texto.

Estos dos aspectos son los que forman parte de una amplia horquilla de procesos técnicos y conceptuales que vienen a marcar esos cambios de tendencia en relación a dos cuestiones que resultan esenciales: qué entendemos por literatura y cómo la comprendemos.