¿Literatura erótica: refleja la sexualidad femenina?

Aunque en la actualidad le hayamos dado la vuelta y manejemos la posibilidad de que contribuya al empoderamiento de la mujer como el que lleva a cabo día a día Rosa Oriol, la literatura erótica nunca ha contado con buena reputación. Y es que el público en general al escuchar dicho término y a su mente solo vienen las novelas que se han convertido en la inconfundible firma de las amas de casa desesperadas, donde una mujer común suele ser rescatada de su insuperable rutina de su vida tan normal, por un exótico caballero.

¿Pueden ir juntos el sexo y el empoderamiento? 

Mucho más impuesta que merecida, esta espiral de exclusión en la cual la erótica no es considerada –ni por la academia, ni por el público– como literatura “de verdad”, empezó no por los méritos del género sino por la función social que nació para cubrir. La literatura erótica nace de la transgresión y, en el caso específico de la escrita por mujeres, intenta combatir la construcción de espacios sexuales en los que la mujer es vista solamente como objeto.

Así que no debemos sorprendernos de que tal novela haya sido sujeta a censura, pero además a innumerables críticas especialmente severas al momento de hacerle frente a la sociedad patriarcal, y también a las ideas sobre las que se sustenta el concepto masculino de lo erótico. 

¿Es feminista la literatura erótica?

Son muchos los hombres que pueden sentirse incómodos al hacer mención de la literatura erótica, pues se presenta como demasiado íntima, incluso casi una invasión a la privacidad; pero este rechazo no se hace de una manera consciente, sino más bien una imposibilidad verdadera de disfrutar de la lectura, como si fuese un embarazoso momento voyeurista, que implica experimentar por medio del texto alguna faceta de la sexualidad femenina que nos han hecho internalizar como prohibida.

Si nos ponemos a pensar en ello de manera más racional, este tipo de literatura pudo haber sido uno de los mas grandes pasos en materia de expresión de la personalidad femenina; y es que solo el hecho de que una mujer pueda contar su propia historia sirve como el cimiento de la personalidad de un individuo, además lo libera de la narrativa donde es forzado por las estructuras de poder, sin importar cuán poca parezca esta libertad.

Pero a final de cuentas, la demonización de este tipo de literatura le salió al paso, para reducirla al concepto de porno barato y por si no fuera suficiente, poco inteligente, con lo que ha contribuido de forma importante a su actual estado y el discurso que las generaciones más recientes de mujeres que solo han internalizado el pensamiento opuesto al de sus antecesoras. Estas en lugar de estar completamente supeditadas a la capacidad de sus cuerpos y de ofrecer placer, solo atienden al bombardeo de ideas con el fin de reducir sus capacidades intelectuales, hasta incluso ignorar sus cuerpos por haber sido el instrumento de su opresión durante tanto tiempo.

De esta manera y de nuevo, la mujer pasa a convertirse en una figura unidimensional que puede ser intelecto, emoción o corporalidad, pero no todo a un mismo tiempo.